Amor, por encima de TODO

jueves, 21 de enero de 2010

Capítulo 3: Giro de 180º

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Capítulo 1: Primer encuentro
Capítulo 2: Ella

Después de cometer tantos errores, lo que menos quieres es agregar otro más a tu historial; claro, lógico, simple. No, simple no. La suerte no siempre estuvo de mi lado.. Suerte.. Ese factor clave inexistente. La culpa de mis actos fue mía, nunca dejó de serlo. ¿Qué me pasaba? Estaba dispuesto a traspasar los límites que mi propia cordura imponía. Basta, levántate y piensa en otra cosa, me dije.
La luz se colaba por mi ventana y no dejaba ver más que mis almohadas dispersas sobre la cama. No recordaba nada de lo que podría haber soñado la noche anterior.
Me costaba pensar a estas horas, a medio despertar y con la cabeza volada más de lo normal. Arrastré mis pies hasta la cocina para encender la cafetera y me dirigí lentamente al baño. No tenía planes ni responsabilidades que cumplir hoy. Perfecto. Vi mi rostro reflejado en el espejo más desvaído que de costumbre. Había tenido una semana ocupada, estudiar y trabajar no era precisamente sinónimo de tranquilidad. Y a esto mi mente le sumaba la imagen incesante de una mujer a la cual no veía desde hacía exactamente... 1..2..3.. conté con los dedos hasta llegar a 7.
Después de pasar toda la noche hablando con ella, olvidé por completo pedirle su número para contactarla pero ella casualmente tampoco había dado ninguna señal de dármelo. Por lo que contaba simplemente con su nombre y su dirección. Suficiente para pasar accidentalmente por el edificio en el que vivía. Que sea conscientemente y no de forma accidental, ahí está mejor.
Caminaba tranquilamente por la acera sintiendo el fresco viento, típico de la estación. Tenía la mente en blanco o casi. Anne-Lise, Anne-Lise. Una nueva ráfaga de viento dejó completamente enmarañado mi cabello. Ahora mi paso era más acelerado, nervioso y tranquilo nuevamente. Debía controlar mis emociones. Una fugaz sonrisa surcó mi rostro cuando llegué a la escalera de mármol del edificio buscado.
Subí precipitadamente los escalones. Las puertas de entrada estaban abiertas de par en par. Pensé que quizás el servicio de limpieza estaría cumpliendo su trabajo. Toqué el timbre del séptimo piso sin recibir contestación alguna. Tal vez no andaban los timbres. Pero tenía que verla, necesitaba verla.
El ascensor se detuvo. Me dirigí a su apartamento pensando en qué haría, ya que no tenía nada en mente. Había planeado que ella estaría para recibirme. La puerta estaba entreabierta lo cual me resultó de lo más extraño. Recordaba perfectamente que no le agradaba que los vecinos husmearan o vieran más de lo que puede verse sin ver.
Un impulso nada oportuno me alentó a entrar sin llamar. Otra oleada de sorpresa irrumpió en mi nuevamente. El parqué estaba abarrotado de bolsas negras, novelas con páginas arrancadas; a juzgar por las tapas eran policiales. Agatha Christie, Asesinatos en serie, era lo único que podía leerse. Pero no cabía duda de que el resto de las novelas seguían el mismo género. El apartamento de Anne se destacaba por la simetría perfecta y el desorden no iba con ella en lo absoluto.
Escuché el sonido de algún objeto roto contra el piso a pocos pasos de mi. Di media vuelta y allí estaba ella plantada en el umbral observándome con su rostro inmutable.