Amor, por encima de TODO

sábado, 7 de enero de 2012

La espera

Y al final de todo había llegado el momento de la despedida, era inminente. Resulta curiosa la velocidad a la que giran las manecillas del reloj cuando se disfrutan ciertos momentos de la vida. Sucede que el tiempo transcurre a tal velocidad que después al recordar, creemos no haber aprovechado al máximo la posibilidades.
La acompañó a la puerta de entrada, que ahora se convertiría en salida hasta que volvieran a verse allí, ¿quién sabe cuándo? Quizás nunca, quizás demasiado tarde.
Mientras caminaban y cruzaban un par de palabras, lo miraba en un intento de leer sus pensamientos, qué pasaba por su mente en ese instante y deseaba que no fuera un partido de fútbol. Alejó la mirada de su rostro, confusa, poniendo en orden sus ideas. Las probabilidades de un nuevo reencuentro eran inciertas, dada la manera en que se había producido el de la noche pasada. Solo había que dejar pasar las horas, pero el sabor ácido de la espera suele convertirse en desesperación pasado algunos días.
Alzó la vista para observar su perfil tal como lo había hecho a lo largo de toda la noche, acudió a su mente el recuerdo de la primera vez que se vieron y no pudo evitar sonreir.
La puerta se abrió y ella se colocó delante de él para despedirse, en lo
que dura un latido le lanzó una mirada llena de dudas a ese rostro que le había robado unos
cuantos suspiros. ¿Cómo despedirse? Habían sido todo y nada a la vez. En respuesta a la pregunta que ella no había formulado, él se acercó y acunó el rostro de ella entre sus manos para atraerla hacia si, sus labios se encontraron amoldándose con suavidad. El beso traía consigo sabores de sentimientos entremezclados, dudas, pasión, deseos, recuerdos, nada... dudas otra vez. Se alejó de él para irse pero este volvió a besarle por última vez confundiéndole aún más.
El sol del mediodía era abrasador, cruzó la calle y le dirigió una última mirada, aceleró el paso para llegar a la esquina y perderse al girar por la calle perpendicular. Su cabeza abarrotada de recuerdos únicos, no hacía más que revivir los hechos recientes como si fuera una cinta de película.
Continuó caminando hacia su destino, ahora solo tenía que esperar, había jugado todas las cartas de las que disponía, se arriesgó. "El que no arriesga, no gana.", se permitió pensar.
Sintió el peso del reloj en su mano izquierda y oyó el click en el que las dos agujas se movían simultáneamente para marcar las doce. Había pasado apenas una hora, con esa lentitud tan particular que parecía forzada. Y así pasarían todas las horas de ese día, del siguiente y de toda la semana. Pero solo había que esperar el tiempo suficiente.
Esperar - suspiró.