Amor, por encima de TODO

lunes, 20 de septiembre de 2010







¿Dónde quedaron esos tiempos en los que un joven besaba apasionadamente a la muchacha de la cual se había enamorado?


Y ella después de una sorpresiva cachetada le correspondía dulcemente aquél robado beso.


Aquellos tiempos en los que el amor no se buscaba, simplemente lo encontrabas.


Tiempos de películas que quizás nunca sucedieron realmente, y yo sí creía en su veracidad infantilmente.


Soñando que algún día podría besarlo bajo una inesperada tormenta; quizás, sólo quizás.


Y en una pelea cuando él decidiese marcharse no terminaría de cruzar el umbral de la entrada que daría media vuelta al mismo tiempo que yo desde el otro lado de la habitación, y correríamos acechando el espacio interpuesto entre nosotros para perdonarnos mutuamente, como sólo sucede en las películas. Sí, películas, imitaciones de alto precio, de deseos platónicos encerrados en nuestra alma.


Algunas con finales felices y otras no. Pero simplemente anhelo que mi película personal, si existe la posibilidad, no tenga final.


Sin pretender, confundir fantasía con realidad.




Él dice ADIÓS,
Ella dice aún no,
Queda un tanque diversión para agotar.
Y el regresa para quedarse hasta que la fiesta acabe.